Si te toca el Gordo de Navidad, déjate asesorar

Un experto financiero ayuda a planificar la inversión de la forma más conveniente a cada perfil. Hay que huir de las ideas espectaculares que se suelen sugerir a quienes resulten agraciados con el premio.

¿Qué harías si te tocara el gordo?

No hay otra fecha en el calendario como la Navidad que nos motive a hacer las mismas cosas: cenas y comidas en familia, con los amigos o compañeros de trabajo; visitar mercadillos; brindar; comprar regalos; decorar el hogar; salir al cine, el teatro o a restaurantes? Pero, antes que nada, jugar a la lotería del 22 de diciembre. ¿Conoces a alguien que no lleve algún número o participación para ese día? De hecho, más de 24 millones de residentes en España mayores de edad comprarán participaciones de El Gordo de Navidad, según ANAPAL, la Asociación mayoritaria de profesionales de la Lotería.

Aunque también está el sorteo de El Niño, en Navidad es cuando más décimos se venden. Loterías y Apuestas del Estado calcula que este año cada español gastaremos una media de 68,48 euros, 0,92 euros más que en 2018.

Seguro que en más de una ocasión has pensado en lo que harías si fueras uno de los afortunados (lo hemos hecho todos). La imaginación no tiene límites, y los sueños tampoco (algo muy propio también en estas fechas). 

«Recomendaría no hacer caso de todas las ideas felices o negocios fastuosos que propongan a una persona ganadora

Gonzalo García Valero, de Caser Asesores financieros
¿Qué hacer si te toca la lotería?

Hacienda se queda con el 20% del premio

En cualquier premio de loterías Hacienda se queda con el 20%, pero los primeros 20.000 euros están exentos (a partir del 1 de enero serán 40.000 euros). Trasladando este dato al sorteo extraordinario de Navidad, el importe neto a percibir son 324.000 euros por un décimo (76.000 euros se irían a la Agencia Tributaria). «Si se trata de un décimo compartido, se harán los mismos cálculos, pero de forma individual», apunta Gonzalo García Valero, asesor de Caser.

Para evitar sustos, conviene recordar que el cobro tiene que hacerse antes de que pasen tres meses desde la celebración del sorteo; es decir, el límite será el 22 de marzo de 2020.

Si el premio es inferior a 2.000 euros se puede cobrar en cualquier administración de loterías. Si es mayor, tendrá que hacerse con el décimo en mano en alguna de las entidades financieras autorizadas.

Si el número se adquirió a través de la web o la aplicación de Loterías y Apuestas del Estado y el premio supera los 2.500 euros, el agraciado tendrá que rellenar un formulario en la web, incluyendo fotocopia del DNI y fotos. 

El Gordo de Navidad reparte 4 millones de euros a la serie. Cada serie se compone de 10 décimos, luego por un décimo el premio son 400.000 euros. ¿Qué harías con ese dinero? Comprar una casa, un coche, terminar de pagar la hipoteca, un viaje, tapar agujeros?. Es la respuesta que dan la mayoría de los premiados cuando son conocedores de su ganancia.

Más allá de las necesidades que se puedan cubrir, existe la posibilidad de sacar alguna rentabilidad con el resto del dinero, o con todo el premio si se puede.  «Recomendaría no hacer caso de todas las ideas felices o negocios fastuosos que propongan a una persona ganadora. Lo ideal es acudir a un asesor financiero de confianza para que le ayude a planificar las inversiones, teniendo en cuenta sus necesidades de pagos tempranos y sus características personales», explica Gonzalo García Valero, de Caser Asesores financieros.

La figura del asesor certificado resulta fundamental, ya que va a acompañar a su cliente a obtener el mejor resultado. Esta idea no solo es aplicable si se consigue el Gordo de Navidad, sino para cualquier otro premio de juegos de azar o extra financiero que obtengamos en nuestra vida.

Espíritu conservador. ¿Y qué ocurre si se decide no hacer nada con el dinero? «Si se deja en la cuenta corriente perderíamos poder adquisitivo, porque casi cada año el coste de la vida es más elevado», apunta Gonzalo García.

El experto de Caser indica cómo podría invertirse el dinero, por ejemplo, de cara a planificar la jubilación. «Si la agraciada es una persona de 30 años, lo normal es configurar una cartera donde la renta variable tenga un peso superior a la renta fija, ya que a esa edad se puede, en principio, asumir más riesgo».

En cambio, «para alguien de 60 años, ocurrirá al contrario: el peso de la renta fija es más alto porque el objetivo es consolidar el patrimonio obtenido», añade García Valero.

A largo plazo. Para una inversión de cara a la jubilación o cualquier otro objetivo, el experto de Caser explica que los factores que más influyen a la hora de tomar una decisión dependen mucho de las características de cada persona, como puede ser la edad, la situación laboral, el objetivo que tiene con ese dinero (ahorro, pagar deudas?), o el nivel de riesgo con el que se siente cómodo, entre otros. Suerte con tu décimo.

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